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“Sudan
las manos”, “no dormir la noche anterior”, “flaquean las
piernas”, “da un dolorcito de cabeza”. Esos son algunos de los
síntomas que les he escuchado a hinchas de Santa Fe, cuando
somatizan la tensión previa al y durante el Clásico.
El choque
esperado de todos los semestres se jugará este sábado a las 6:20 de
la tarde. El ‘León’ bogotano llega con un par de buenos
resultados a cuesta, pero con algunas dudas en su funcionamiento.
El llamado
‘partido del hincha’ viene después de dos semanas que ha tenido
el cuerpo técnico para ajustar líneas y movimientos. El hincha
tiene fe en que ‘Basílico’ y sus pupilos hayan mejorado en su
fútbol porque dejemos claro una cosa, los Clásicos pueden que sean
partidos aparte y no importa cómo vengan, pero Santa Fe no se puede
dejar sorprender.
El
opulento rival de otras épocas ya no está en frente, el de hoy es
un cuadro de juveniles que ocupan el penúltimo lugar de la tabla. El
‘Expreso Rojo’ línea por línea y hombre por hombre es
hipotéticamente más que el eterno rival. Así, clarito: perder
sería para sonrojarse y taparse la cara.
Pero hay
buen ambiente. Conversando con los jugadores ‘Cardenales’ se nota
que son concientes y tienen la plena convicción de dar una alegría
inmensa a la hinchada que vive y sufre este encuentro. Están que se
juegan y quieren que llegue rápido el sábado.
Así se
vive y así se vivirá
El ‘pelao’
se levanta de la cama. Ya no lo soporta porque la ansiedad lo
incomoda. Cuando abre los ojos definitivamente, voltea a mirar y lo
primero que capta su mirada es un pedazo de tela roja y blanca que
dejó lista desde la noche anterior. Al lado de esa prenda, hay otros
accesorios que acompañan la camiseta como el hincha que acompaña a
su equipo. Bufanda, gorro, pañoleta o bandera...lo que quieran. Ahí
están.
Se viene
al rostro la sonrisa nerviosa, la sonrisa cómplice que dice que hoy
hay todo para ganar...y todo para perder. Se viene a la cabeza el
papá que le heredó el amor inexplicable por unos colores. Se viene
a la cabeza el grito, la dicha y el sufrimiento de otras tardes y
noches de rivalidad acérrima.
La madre
ya está en la cocina con un delantal manchado revolviendo los huevos
con tomate y cebolla picada, el olor a café relaja un poco la
tensión del ‘pelao’ que se sienta en la silla del comedor con
las manos entrelazadas.
“¿De
qué te ríes?”, pregunta la mamá. “Nada”, dice el muchacho.
“Dime que yo te conozco, estás ansioso, qué sucede hoy”,
replica la señora. El joven contesta: “¿Qué sucede hoy? Hoy
sucede todo...Hoy hay Clásico”.
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